Hipnosis 2025: talento desbordante entre fallas de audio y emoción colectiva.


El pasado fin de semana tuve la oportunidad de asistir, por primera vez, al Festival Hipnosis, ese evento que desde hace años me llamaba la atención por su concepto y selección de bandas. Cuando se reveló el cartel de esta edición 2025, no lo dudé ni un segundo y adquirí mis boletos.

Tras algunas ediciones en las que el festival cambió de sede, Hipnosis parece haber encontrado su nueva casa en el Estadio Fray Nano, un recinto que, por su tamaño y ubicación, resulta ideal para este tipo de encuentros musicales. Como ya es tradición, los escenarios gemelos facilitaron disfrutar de las presentaciones sin necesidad de recorrer grandes distancias.

Esta vez no acudí como prensa, sino como fan. Me planté frente al escenario “Ojito”, decidido a disfrutar. Sin embargo, desde las primeras presentaciones noté detalles que afectaron la experiencia: la ausencia de pantallas que transmitieran lo que ocurría en el escenario alterno y, en algunos momentos, el apagón de audio que dejó a varios desconcertados.

El festival arrancó con Mirror Revelations, una de las pocas bandas locales en el cartel. Luego llegó DVTR, un dúo que demostró que solo se necesita voz, guitarra y una pista para encender al público. Su energía punk fue contagiosa y su set, breve pero intenso.

Uno de los actos más curiosos fue Utro, con una presentación intrigante y casi sin interacción con el público, quizás por la barrera del idioma o simplemente por estilo. Un detalle que me encantó: el vocalista utilizó un silbato mexica, probablemente de jaguar o de la muerte, creando un momento ritual casi hipnótico.

La presentación de Geordie Greep fue una de las más sobresalientes. Su actuación transformó el ambiente en algo casi sublime: elegante, fresco y lleno de musicalidad. Él y su banda lograron un equilibrio perfecto entre técnica y emoción.

Mientras tanto, en el otro escenario, Panchiko —o “Panchito”, como le gritaban sus fans— ofreció una presentación sólida y visualmente atractiva, con proyecciones inspiradas en el anime que me fascinaron.

Debo admitir que no esperaba mucho de Japanese Breakfast, pero su actuación en vivo me sorprendió. Aunque antes no había conectado con su música, la energía de sus fans y la calidez del show la volvieron una experiencia envolvente. No me volví fan, pero sin duda los vería de nuevo.

Pavement, una de las bandas más esperadas, dejó sentimientos encontrados. Tal vez por fallas de audio o por la dinámica del set, la conexión no terminó de consolidarse. En algunos momentos incluso desee que su presentación fuera más breve.

Finalmente, llegó Molchat Doma, la razón principal por la que compré mi boleto. Desde el primer acorde, cumplieron con todas mis expectativas. Su sonido, sombrío y energético a la vez, se combinó con la entrega total del público, creando un cierre perfecto para la jornada.

El domingo regresé al escenario “Ojito”, pero los problemas de audio fueron más notorios, afectando a varias presentaciones. Grave/Mal abrió con buena actitud, aunque el sonido opaco impidió apreciar del todo su propuesta. Luego, BALA desató un torbellino de energía: solo guitarra, batería y voz bastaron para encender el slam entre los asistentes.

Crumb ofreció una presentación discreta, quizás demasiado sutil para quienes no somos fans de hueso colorado. En contraste, Deafheaven dio lo que considero la mejor actuación de todo el festival. Cada tema fue un viaje sonoro: potente, emotivo y con un público completamente entregado, haciendo mosh y crowd surfing sin descanso. Lamentablemente, otra vez el audio —esta vez en la voz— empañó ligeramente la experiencia.

Para cerrar mi jornada, Austin TV ofreció una presentación memorable. Tras casi un año sin tocar en la Ciudad de México, regresaron con la interpretación en vivo de INDRA, acompañada de una nueva estética visual. Lograron expresar un torrente de emociones: gente llorando, gritando, bailando, etc.. Una muestra clara de por qué la música instrumental puede ser tan poderosa.

Hipnosis 2025 fue, en general, un buen festival, sostenido por el talento de los músicos y la pasión del público. Sin embargo, los problemas técnicos, especialmente el sonido, afectaron la experiencia. Aun así, el espíritu del festival sigue vivo, y con algo de mejora técnica podría alcanzar el nivel que su cartel promete.

La próxima edición ya está anunciada: Hipnosis 2026 se llevará a cabo los días 23 y 24 de octubre. Esperemos que sea el año en que todo suene —y se viva— como merece.

Fografia de @zadok.df