El pasado fin de semana se llevó a cabo la 15ª edición del Festival Corona Capital, y tuve la fortuna de disfrutarlo en todo su esplendor.
El primer día de actividades tenía un objetivo muy claro: ver a una banda que conocí gracias a un programa del Canal Once llamado Festjumper, el cual siempre fue un referente cuando creé este medio. Esa banda era Kaiser Chiefs.

Antes de que llegara su turno, me dirigí al escenario principal, que me encantó —no tanto por su diseño, que ya tiene varios años—, sino por la gran sombra que genera frente al sol mortal de la tarde. La primera banda en salir fue Whitney, quienes, pese a haber sido anunciados pocos días antes, ofrecieron un show agradable. No me atraparon del todo, pero su presentación hizo que el tiempo pasara de forma muy fluida.

Después fue el turno de JET, una banda que sí conocía por sus temas más famosos. En las investigaciones previas tuve la oportunidad de escucharlos y, aunque su show fue sólido, es justo decir que el público explotó principalmente con Are You Gonna Be My Girl.

Finalmente, Kaiser Chiefs tomó el escenario abriendo con Everyday I Love You Less and Less, una de mis canciones favoritas. Desde ese instante supe que sería un concierto inolvidable. De principio a fin fue una explosión de energía y emoción pura, algo que sentía acumulado desde hace tiempo. El vocalista, lleno de vitalidad, incluso bajó del escenario para cantar con el público. Si tuviera que calificar su show, sin duda le daría un diez total.

Después me tomé un descanso para comer algo y seguir recorriendo el festival. Sin pensarlo mucho, me dirigí a la carpa Viva Tent para ver a Sub Urban, un artista que me llamaba la atención desde que lo vi en el cartel, ya que fue uno de los músicos que ganó notoriedad durante la pandemia. No esperaba demasiado, solo escuchar sus canciones más conocidas, pero terminó siendo una presentación genial. Su presencia escénica bastó para atraparme y dejarme con ganas de escuchar más de su discografía.

Además, tuvo una invitada muy especial: Bruses, una artista mexicana sobre el escenario del Corona Capital, algo que no veíamos desde hace muchos años. Con ese show cerré mi día; lamentablemente, no pude quedarme más tiempo.
El sábado tuve que ausentarme por cambios de último momento, así que retomé la experiencia hasta el domingo. En esta ocasión no asistí como prensa, sino como un fan más, con mi abono comprado desde hace meses, Por eso tenia que tomar deciones mas dificiles a la hora de estar en una presentación en especifico.
La decisión más difícil fue elegir entre Deftones, quienes no venían a México desde hacía años, o una de las bandas que marcaron mi adolescencia: Linkin Park. Ganó la nostalgia. Para asegurar un buen lugar, pasé todo el día frente al escenario principal.

Ahí pude disfrutar de Arny Margret, cuyo set fue tranquilo, aunque algo distante, y de Alexandra Savior, quien logró conectar mejor con el público y hacer más llevadera la espera.

Más tarde llegó AFI, con un vocalista que dominó completamente la pasarela del escenario. Descubrí a esta banda gracias al videojuego Guitar Hero, así que cantar Miss Murder a todo pulmón fue una experiencia increíble.

Después subió Weezer, una banda con la que nunca había conectado del todo, pero en vivo fue otra historia. La interpretación fue impecable y su sonido, sumamente agradable. Me fui muy satisfecho de haberlos visto.

Mientras tanto, en el escenario Doritos se presentaba Deftones, y un colega que asistió compartió su experiencia:
“Obvio el show fue un 9.5/10, aunque terminaron 15 minutos antes. La banda está en su mejor momento, algo que no veía desde hace nueve años, cuando los vi en el KnotFest 2016. Fue un regreso triunfal, lleno de emociones y euforia. El público entregadísimo: gritando, brincando, cantando todo el tiempo. No necesitaban decir mucho; con un simple ‘gracias’ bastaba para que todos siguieran conectados. El audio fue una maravilla. Sin duda, un regreso a las raíces con una nueva generación de fans, literalmente los hijos de los adultos jóvenes.”
Y llegó el momento más esperado del fin de semana. En las pantallas apareció un reloj con la cuenta regresiva mientras sonaba una canción de Blackpink. La emoción era palpable: los empujones, la tensión, todos querían el mejor lugar posible. Pero cuando las luces se apagaron, el escenario dejó de ser del Corona Capital: era territorio de Linkin Park.

Uno a uno salieron los integrantes y comenzaron con Somewhere I Belong. Donde yo estaba, no había un solo segundo de silencio: todos cantaban y gritaban. Para la quinta canción, The Emptiness Machine, Emily ya recorría toda la pasarela, y más adelante, junto a Mike, intentaron armar un mosh con Two Faced. No sé si se logró del todo, pero en mi zona el público explotó. Todos brincábamos, cantábamos y vivíamos el momento como si fuera la primera vez en un concierto.

El setlist combinó clásicos y temas de su nueva etapa de manera perfecta. Muchos esperaban Given Up, pero sinceramente no hizo falta; el show fue redondo. Si la hubieran tocado, seguramente habría quienes se quejaran también.

Fue, sin duda, un concierto de una banda top, y con justa razón fueron los headliners del festival.
Me quedo con una sensación de completa satisfacción y la esperanza de regresar el próximo año para volver a sorprenderme con todo lo que este gran evento tiene por ofrecer.


